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Miem­bro de la primera comunidad cristiana de Jerusalén, dotado del don de la pro­fecía. Poco después de haberse conver­tido, anunció desde la ciudad de Antioquía un periodo de hambre «en todo el orbe», es decir, en las provincias del Imperio romano. Hechos’ recuerda que la epidemia se produjo, efectivamente, bajo el gobierno del emperador Claudio; conocemos, concretamente una carestía en Judea durante los años 45-46 d.C., lo que justificaría el envío de suministros por parte la comunidad cristiana de Antioquía a los hermanos de Judea.
Agabo reaparece en Cesarea, años más tarde (58 d.C.), en compañía de Pablo. El profeta predice entonces, mediante gestos simbólicos, la próxi­ma cautividad del apóstol. Concreta­mente le quitó a Pablo el cinturón, se ató con él los pies y las manos y dijo:
El Espíritu Santo dice lo siguiente: «Así atarán los judíos en Jerusalén al hom­bre de quien es este cinturón, y lo entregarán en manos de gentiles» (Hch 21, 12).
En efecto, la revuelta producida por los fanáticos judíos en las proximida­des del Templo de Jerusalén fue la cau­sa de que Pablo fuera detenido por las autoridades romanas, encerrado en Cesarea y, posteriormente, llevado a Roma

Astrólogo egipcio citado sólo por Vitrubio. Dejó una teoría de los horóscopos basada no en el momento del nacimiento, sino en el momento de la concepción. Los manuscritos dudan entre Achi- y Archi- pero el nombre no es citado por otras fuentes. Algunos autores (E. Maas) han leído Anchimo- lus, identificándolo, a su vez, con el Molón citado por Teócrito, si bien éste no dice que Molón sea astrólogo. Otro autor (V. Rose) propone leer Atheno- dorus e identificarlo con Kordylion, un filósofo estoico al frente de la Bibliote­ca de Pérgamo que vivió hacia el año 70 a.C. y que murió en Roma, pero se ignoran, igualmente, inquietudes as­trológicas en este personaje.
La idea de que el momento de la concepción era el más importante en la determinación del horóscopo debió de ser emitida por los filósofos antiguos (J. Soubiran), si bien era muy difícil precisar dicho momento a causa del largo período de gestación. Fue un mé­todo astrológico, pues, poco extendi­do y reservado sólo a personajes de la realeza como Antíoco I Epífanes o el emperador Augusto. La mayor parte de los astrólogos consideraba que concep­ción y nacimiento se producían nece­sariamente en las mismas circunstan­cias y bajo influencias astrales análogas, por lo que el horóscopo del nacimien­to era suficiente.

Uno de los doce profetas menores ju­díos (nabi), asentado probablemente en Palestina tras la deportación de los israelitas a Babilonia. Su misión va es­pecialmente ligada a sus ataques proféticos contra el reino de Edom, en el sur de Palestina.
La cronología de Abdías es, sin em­bargo, discutida. Para unos, su misión tuvo lugar en el siglo ix; en este caso su hostilidad contra Edom vendría justi­ficada por el ataque de este reino con­tra Jorán, rey de Judá.
Parece más probable, sin embargo, que la figura del profeta haya que si­tuarla en el siglo vi, cuando, tras la caí­da de Jerusalén (587 a.C.) a manos de los babilonios, los edomitas llevaron a cabo repetidos saqueos sobre sus tie­rras e invadieron parte de su territorio; el libro de Reyes’ denuncia a «las ban­das de Aram» (Edom) y tanto los profe­tas como los salmistas posteriores a los acontecimientos siguieron maldicién- dolos. Incluso después de la desapari­ción de Edom, el reino quedó como prototipo de opresor del pueblo judío.
Abdías cree y espera la llegada del «día de Yahveh» o día del juicio contra las naciones (y en especial contra Edom). Se le atribuye el libro más cor­to del Antiguo Testamento (21 versí­culos), redactado, quizá, en el período posterior a la caída de Jerusalén (587 a.C.). En él se transmite el siguiente oráculo de Yahveh:
¿Acaso en aquel día no exterminaré de Edom a los sabios y de la montaña de Esaú la inteligencia? Y se aterrarán tus guerreros, oh Teman, de suerte que todo varón será extirpado de la monta­ña de Esaú. Por la mortandad, por la injusticia, contra tu hermano Jacob, te cubrirá la vergüenza y serás extirpado para siempre (Ab 8-10).